January 22nd, 2006

Hoo ah

Robado de reggie_lampert:

Escribir en anónimo las siguientes cositas:

1. Un secreto
2. Un halago.
3. Un no-halago, critica o insulto.
4. Una carta/notita de amor, pero no tiene por qué ser para mi.
5. Un trozo de tu cancion favorita.
6. Cuantos años tienes.
7. Cuanto tiempo hemos sido amigos.
8. Una pista de quien eres


Intentaré adivinar quién sois.




Cita del día:
- Si echas una rana a una olla con agua hirviendo, saldrá de un salto de la olla. Si la metes en la olla y calientas el agua hasta hervir, se quedará dentro y morirá.

Lo escuché/leí hace muchos años y creo recordar que era un proverbio chino. Da qué pensar.

Seguiremos informando.


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soul on fire

Salty ink (http://naeros.livejournal.com/29260.html), desperate steps

-¡Capitán!
-¡Esta tormenta no acabará con nosotros, no puedo morir esta noche!

La lluvia y las olas convertían su barco en un espectro fantasmal apenas visible. Quizá pronto lo sería.
-¿Quién está al timón?
-Samuel, mi capitán.
-Bien, decidle que corte las olas. Este viejo cascarón no se va a hundir hasta que yo no lo diga. ¡Corre!
Mientras su contramaestre subía los escalones hacia el timonel de dos en dos, avanzó por cubierta. Gritaba órdenes una y otra vez; órdenes furiosas, imperativas, desesperadas. El barco aguantaría, tenía que aguantar.
"Por todos los diablos, maldita tormenta del infierno. No me cogerán tan fácilmente."
-¡Arriad las condenadas velas! ¡Arriad las velas!
Sus hombres estaban hechos de la sal del mar. Sabían que esta tormenta iba a durar, pero no se echaban atrás ante el desafío de los elementos. Y él tampoco.
-¡Capitán, el mástil no aguantará!
-Tendrá que hacerlo. Oh, sí, tendrá que hacerlo.
Avanzaba por entre los marineros como si su mera voluntad pudiera contener la tormenta.
"Tengo que llegar a puerto, tengo que llegar como sea."
-¡Capitán!
Era el contramaestre. Se volvió hacia el sonido de la voz, iluminado por un repentino relámpago que surcó ampliamente el cielo encapotado. Un cabo se había soltado y la cuerda se dirigía hacia él arrastrando un trozo de madera arrancado de la cubierta. Podía ver las gotas de lluvia rebotando perezosamente en la cuerda, en el suelo y en sus hombres. El agua resbalaba por la cara del contramaestre, una cara congelada en una expresión de fatalidad.
Se veía todo tan nítido, tan claro.
"Es tan sencillo", pensó.

Y el mundo se volvió del color de la noche.


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